No comió más que pescado enlatado durante una semana: vea lo que le pasó después

Empezó con algo que dijo su amiga. No era una dieta estricta. Ni un reto. Sólo una sugerencia. «Prueba esto durante una semana» Sólo una regla: No comer nada más que pescado enlatado. Al principio, se rió. Sonaba como una de esas ideas que funcionan en teoría pero no en la vida real. Sin variedad. Sin flexibilidad. Sólo atún, sardinas, caballa… una y otra vez. Se sentía repetitivo sólo de pensarlo. Y honestamente, un poco extremo.


Pero lo que la hizo detenerse no fue la idea en sí. Era cómo lo describía su amiga. No era difícil. Ni restrictiva. Simplemente, eficaz. Esa palabra se le quedó grabada. Porque no sonaba como algo por lo que tuvieran que luchar. Sonaba como algo que funcionaba. Así que empezó a pensar en ello de manera diferente. No como una dieta. No como una regla. Sino como un experimento corto. Sólo una semana. Sin expectativas. Sólo curiosidad.


Y cuando se comprometió a probarlo no tenía ni idea de lo mucho que cambiaría su forma de pensar sobre la comida.