Es inquietante ver una araña donde menos te lo esperas. En un momento, la cocina está tranquila, las encimeras limpias y la velada parece perfectamente normal. En ese momento, notas que una fina forma negra se mueve cerca del zócalo y se detiene debajo del armario como si llevara allí más tiempo del que te gustaría imaginar. La mayoría de la gente echa mano de un zapato, un vaso o el spray más fuerte que encuentra. Pero lo curioso es que uno de los trucos más sencillos para que tu casa sea menos acogedora para las arañas puede estar ya en tu cocina. No es caro. No requiere una complicada rutina de control de plagas. Y huele mucho mejor que la mayoría de los productos de limpieza.
El truco funciona mejor cuando se deja de pensar en las arañas como visitantes aleatorios y se empieza a pensar en lo que las atrae. Les gustan los rincones tranquilos, los huecos diminutos, las estanterías intactas y los lugares donde se reúnen pequeños insectos. Si su casa les da cobijo y alimento, tienen pocos motivos para marcharse. Pero si de repente les resulta desagradable cruzar ciertos puntos de entrada, es posible que elijan otra ruta.
Ahí es donde entra en juego este sencillo ingrediente de cocina. La gente lo utiliza a menudo en repostería, bebidas calientes, postres y acogedoras recetas otoñales. Pero esparcido, empapado o pulverizado en los lugares adecuados, puede convertirse en una barrera aromática natural alrededor de ventanas, puertas, armarios y rincones. Lo mejor es que no se necesita mucha cantidad. Un poco rinde muchísimo.