Si la lechada aún tiene un aspecto apagado, prepara una pasta espesa con dos partes de bicarbonato y una parte de agua oxigenada. Añade unas gotas de jabón suave para vajilla si las baldosas tienen residuos grasientos o esa película resbaladiza del baño. Remueve hasta que la mezcla esté lo bastante cremosa como para permanecer en la lechada en lugar de correr por la pared o desaparecer por el suelo.
Extienda la pasta directamente sobre las líneas de lechada con un cepillo, una esponja o un dedo enguantado. No se apresure a fregar inmediatamente. Déjela reposar entre diez y quince minutos para que ablande la acumulación dentro de los pequeños poros. Este tiempo de espera facilita mucho el trabajo posterior.
Ahora friegue las líneas con suavidad pero con firmeza. Muévete con la lechada, no sólo a través de ella, y presta especial atención a las esquinas, donde la humedad tiende a acumularse. Cuando las líneas empiecen a brillar, enjuague la zona con agua tibia y limpie todos los restos de pasta. Los restos pueden secarse y formar una película calcárea, así que repasa las baldosas una vez más con un paño limpio y húmedo. A continuación, seca la superficie y comprueba los progresos. Un buen aclarado es tan importante como el propio fregado.