¿Los azulejos y la lechada del baño están sucios? Aquí tienes unos sencillos consejos para que vuelvan a brillar…

Empieza por lo más fácil: agua tibia y un cepillo firme. Suena casi demasiado sencillo, pero esta primera pasada importa. Humedezca las baldosas y la lechada, y frote a lo largo de las líneas en pequeños círculos. Aún no estás intentando ganar toda la batalla. Estás eliminando la suciedad suelta, los restos de jabón y la fina capa superficial que impide que una limpieza más enérgica llegue a la lechada.

Utiliza un cepillo que sea lo suficientemente duro como para penetrar en las líneas, pero no tan áspero como para arañar el azulejo o romper la lechada. Un cepillo de dientes viejo puede funcionar bien en zonas pequeñas, mientras que un cepillo estrecho para lechada es mejor para un suelo o una pared de ducha más grandes. Trabaja por secciones para que la superficie permanezca húmeda mientras friegas.

Después de fregar, límpialo todo con un paño o una esponja limpios y húmedos. Así sabrás qué es lo que realmente está manchado y qué es lo que sólo estaba en la superficie. Si la lechada ya tiene un aspecto más brillante, detente ahí y aclara bien. Si las líneas oscuras siguen ahí, habrá preparado bien la zona para el siguiente paso, que es donde empieza la limpieza más profunda. Esto ahorra esfuerzo y ayuda a su limpiador a trabajar de manera más uniforme, también.