Entonces, el jefe de equipo de Darren le preguntó a Claire: «¿Qué te mantiene ocupada estos días?» Era una pregunta corriente. Amable, incluso. Claire abrió la boca, pero Darren se rió e intervino. «¿Sinceramente? No mucho. Pretende que la casa es una empresa a tiempo completo» El grupo rió entre dientes. Claire sintió que sus dedos se apretaban alrededor de su taza.
Darren siguió hablando, animado por la atención. «Hace listas, reorganiza armarios, me dice cuándo debo enviar correos electrónicos de agradecimiento. Un trabajo ejecutivo muy importante» «Darren», dijo Claire en voz baja. Pero él no se detuvo. Se inclinó más hacia sus compañeros de trabajo, bajando la voz de un modo que la hizo resonar aún más. «Mirad, la quiero, pero Claire no duraría ni un día en mi despacho. Es inútil bajo presión real»
Fue entonces cuando Vivian Harlow miró hacia ella. La palabra inútil parecía colgar entre las mesas de picnic, fea y pesada. Claire recordó cada trasnoche, cada presentación editada, cada solicitud de empleo, cada correo electrónico de cliente que Darren había enviado después de que ella lo arreglara. Durante años, ella había protegido su orgullo. En aquel momento, se dio cuenta de que su orgullo nunca la había protegido a ella.