El motor de mi barco de pesca se averió justo delante de un barco fantasma a la deriva de 500 pies, y entonces ocurrió esto… 

Leo se quedó de pie en el silencioso pasillo, con el sonido de la televisión desvaneciéndose a sus espaldas. Cerró los ojos, intentando escuchar más allá del zumbido profundo y constante del generador del barco. ¡CLANG! Un eco metálico y agudo resonó desde la escalera que tenía justo delante, seguido de un gemido sordo y chirriante. Leo se quedó paralizado, con la respiración atascada en la garganta. Los nudillos se le pusieron blancos al apretar la linterna.


Levantó la vista hacia la oscura escalera. ¿Queda alguien a bordo? Entonces percibió un tenue resplandor parpadeante que se reflejaba en las paredes metálicas desde el nivel más alto. Una luz bailaba tras las ventanas de la sala de control de la nave. Se movía, oscilando de un lado a otro como una señal en la oscuridad.


Con el corazón latiéndole con fuerza contra las costillas, Leo empuñó la pesada linterna como si fuera un arma. Respiró hondo, pisó el primer peldaño metálico de la escalera y comenzó a avanzar sigilosamente hacia la misteriosa luz.