Su amistad creció de forma natural. Víctor empezó a invitar a Adrian a almuerzos que no eran sólo de negocios. Hablaban de sus trabajos, de la vejez de sus padres y de los precios de los inmuebles locales. Estas conversaciones informales hicieron que la inversión se sintiera más como un plan de futuro compartido que como una transacción financiera.
Adrian trabajaba recaudando fondos para una organización benéfica infantil. Cuando Víctor hizo una importante donación a una de sus campañas, Adrián se sintió profundamente agradecido. Víctor no se limitó a extender un cheque; se acordó de la causa, preguntó por los niños y asistió al acto benéfico sin buscar elogios. Después de eso, Adrian dejó de verle como un simple comerciante.
Víctor se convirtió en un verdadero amigo que sabía el nombre de su mujer y preguntaba por la salud de su madre. Ese fue el cambio más peligroso. Cuando una persona es un extraño, te mantienes en guardia. Cuando se convierte en un amigo, disculpas sus defectos. Un pago tardío se convertía en un retraso bancario; una respuesta vaga, en discreción profesional. Adrian confundió la ceguera con la lealtad.