Adrian Tan estaba enjuagando una taza de café cuando le llegó el mensaje de Marcus, un amigo del que hacía meses que no sabía nada. El mensaje era corto: «¿Has visto las noticias sobre Víctor?» Adrian abrió el enlace con los dedos húmedos. Los titulares no tenían sentido al principio. Detenido. Fraude de inversiones. Millones desaparecidos.
Leyó el artículo dos veces mientras le flaqueaban las piernas. La taza se le resbaló de las manos y se hizo añicos en el fregadero. Desde el dormitorio, su mujer, Mei, le llamó para preguntarle qué había pasado, pero Adrian no pudo responder. Sus ojos estaban fijos en la fotografía de Victor Lim, el mismo amable comerciante que se había sentado frente a él en la cena, hablando de disciplina, familia y riqueza a largo plazo.
Victor era el hombre que tenía casi todos los ahorros de la familia de Adrian. No era sólo su propio dinero, sino también la prima de Mei, los fondos de jubilación de sus padres y el pago inicial de su hermano. La cifra total se formó en su mente, demasiado grande para parecer real: casi medio millón de dólares. Sin embargo, el dinero perdido sería el menor de sus problemas..