El viernes por la tarde, la mesa de estudio de Arthur estaba cubierta de balances financieros impresos, calendarios fiscales y documentos públicos relativos a Vanguard Assets. Pasó horas subrayando cadenas concretas de números, rastreando flujos de efectivo a través de una compleja red de cuentas corporativas con total facilidad.
Para cualquier observador casual, parecería un anciano mirando sin comprender tablas corporativas al azar, completamente fuera de sí. Pero Arthur buscaba un patrón muy concreto, un estilo de engaño característico que encajara con la psicología de una mujer que engañara a la caja registradora de un supermercado. Sabía que una persona que juega sucio a pequeña escala casi siempre juega sucio a gran escala.
Comprendió que Victoria Kline estaba sometida a una enorme presión para cerrar una adquisición masiva y multimillonaria de una compañía naviera regional y asegurarse así su ascenso a directora financiera. Cuando Arthur cruzó las referencias de las carteras públicas de la naviera, encontró la fisura exacta que estaba buscando. Recopiló tranquilamente los datos en una carpeta limpia y sencilla.