A medida que avanzaban las obras, los detalles iban encajando. Los contenedores ya no eran estructuras independientes. Se habían convertido en parte de un diseño más amplio que conectaba los espacios interiores y exteriores de formas que pocos esperaban. Las pasarelas unían las diferentes secciones de la vivienda. Las zonas comunes diáfanas creaban una sensación de fluidez en toda la propiedad. Cada nueva incorporación parecía revelar otra faceta de la visión de la pareja.
Los amigos que se habían reído durante las primeras fases de planificación empezaron a cambiar de opinión. Muchos admitieron que nunca pensaron que el proyecto quedaría tan bien. Otros querían saber cómo había conseguido la pareja hacer realidad una idea tan inusual. Pero mientras los visitantes admiraban los avances en el exterior, la verdadera transformación estaba teniendo lugar en el interior. Detrás de las paredes de acero, las habitaciones empezaban a tomar forma.
Y cuando por fin se invitó a los primeros invitados a entrar, enseguida se dieron cuenta de que se habían equivocado en casi todo.