Lo primero que llamaron la atención de los visitantes fue la luz. La mayoría de la gente esperaba que el interior de una vivienda construida con contenedores de transporte resultara oscuro y estrecho. En cambio, la luz del sol entraba a raudales por los ventanales de gran tamaño e inundaba las estancias. Las habitaciones daban sensación de amplitud. Eran acogedoras. Acogedoras. No había nada frío ni industrial en ellas. Los acabados cálidos y las acertadas decisiones de diseño contribuyeron a crear una atmósfera que se asemejaba más a un refugio moderno que a un antiguo contenedor de carga.
Los invitados se encontraban mirando a su alrededor con incredulidad. Muchos llevaban años imaginando cómo quedaría el proyecto una vez terminado. Casi ninguno de ellos se había imaginado esto. Cuanto más exploraban, más sorprendente se volvía la casa. Cada habitación parecía desmentir otra suposición.
Y justo cuando los visitantes pensaban que ya habían visto la parte más impresionante del proyecto, entraban en un espacio que cambiaba por completo su perspectiva.