Durante meses, los críticos habían pronosticado que el proyecto se convertiría en una monstruosidad. Estaban convencidos de que los contenedores seguirían pareciendo contenedores. Pero cuando se terminó la primera parte importante del exterior, las opiniones comenzaron a cambiar casi de la noche a la mañana. Se habían instalado grandes ventanales. Los materiales naturales suavizaban el aspecto industrial. Las acertadas decisiones de diseño ayudaban a que la estructura se integrara en el paisaje circundante. La diferencia era imposible de ignorar.
Las personas que antes se habían burlado del proyecto ahora se paraban a echar un segundo vistazo. A la pareja aún le quedaba mucho trabajo por delante, pero, por primera vez, los de fuera podían ver lo que habían estado intentando lograr desde el principio. Los contenedores no eran el producto final. Eran simplemente los cimientos. Y ahora esos cimientos se estaban convirtiendo en algo realmente impresionante. Aun así, el exterior solo contaba una parte de la historia.
La mayoría de los visitantes seguían centrados en lo que podían ver desde fuera. No tenían ni idea de lo que les esperaba tras esas paredes. La mayor sorpresa de todo el proyecto seguía oculta a la vista.