A través de la estrecha rendija de cristal de la puerta, Lena vislumbró a su acusadora. Evelyn Marrow era una visión de elegancia controlada con un abrigo color crema que parecía repeler la suciedad de la ciudad. Estaba de pie en el pasillo, gesticulando bruscamente mientras hablaba con un oficial de alto rango. Parecía desolada, pero bajo el dolor había una furia dura y fría que hizo que Lena se estremeciera.
Evelyn se volvió y sus ojos se encontraron con los de Lena a través del cristal. Por un segundo, el mundo se detuvo. Evelyn apuntó con un dedo enguantado directamente a Lena, y su boca formó palabras que Lena no pudo oír. Es ella. La certeza de aquel gesto era más condenatoria que cualquier prueba. Lena quería gritar, golpear el cristal y exigir saber cómo Evelyn podía estar tan segura.
Harlan regresó, dejando caer un grueso expediente sobre la mesa. «La señora Marrow está muy segura de su cronología», dijo. «Dice que la robaron cerca de la fuente a las dos y cuarto. Afirma que la encontró a las 2:35. Eso son veinte minutos, Lena. Veinte minutos para esconder dieciocho mil libras» Lena se dio cuenta con una sensación de naufragio de que el estatus de Evelyn era un arma, y ella se encontraba en ese momento en el extremo equivocado de la misma.