Regresaron al avión antes de la puesta de sol. Una vez fotografiado el panel, Erik retiró los tornillos uno a uno mientras Nora mantenía la luz fija. El metal se levantó con un gemido seco. Debajo había un compartimento estrecho, lo bastante profundo para guardar cajas planas y tubos de documentos. Alguien lo había construido en el piso de carga mucho antes del vuelo. Dentro encontraron una bolsa de lona sellada, dos rollos de película sin revelar en botes metálicos, un segundo manifiesto de carga y una pila de etiquetas de aduana cuyos números no coincidían con los de la documentación oficial. Debajo había varias fotografías envueltas en tela encerada. Nora las colocó una a una sobre una caja vacía.
Las imágenes mostraban figuras de piedra tallada, piezas de bronce y pequeños objetos de oro embalados dentro de cajas industriales sencillas. Las etiquetas de esas cajas coincidían con la falsa empresa que figuraba en el segundo manifiesto. Las «piezas de maquinaria» de la bodega no eran tales. Parte de la carga eran antigüedades de contrabando ocultas en un cargamento ordinario.
Para Nora, el descubrimiento explicaba de inmediato la nota. Adam no había ocultado las pruebas tras ser sobornado o amenazado. Las había escondido antes de que nadie llegara al lugar del accidente, cuando aún creía que él y el capitán podían morir en la nieve o ser culpados del desvío de la ruta. Había creado un seguro contra quienquiera que estuviera detrás de la carga. Erik miró el falso manifiesto en silencio. «Alguien quería este avión fuera de la ruta normal», dijo. «Y alguien más quería que desapareciera la prueba»