«Vi un conejo, intentaba seguirlo y me perdí. Pero encontré este escondite y estaba haciendo fuego, papá», dijo Michael, con la voz pequeña y áspera por el frío. «Como me enseñaste en el libro. Pero las chispas no se quedaban» El alivio que inundó a Mathew fue tan violento que casi le hizo perder el equilibrio. Se lanzó hacia delante, agarró al chico y tiró de él en un abrazo aplastante.
Michael estaba helado al tacto, pero alerta. Mathew se despojó rápidamente de su pesada parka exterior y la envolvió alrededor del chico, creando un cálido capullo. Pulsó la radio, con las manos tan temblorosas que apenas podía apretar el botón. «Lo tengo ¡Tengo a Mike! Está vivo Estamos en la cima del camino de Pizarra Negra»