Este caballo no dejaba de abrazarla y los médicos descubrieron algo aterrador

Cuando la cena estuvo lista, todo parecía más tranquilo. La hermana de Ricky había calentado una compresa caliente y la había colocado suavemente en la espalda de Jolene. El calor ayudó lo suficiente como para calmar los nervios. «Te sorprendería lo normal que es todo esto», dijo con una pequeña sonrisa. «Algunos días, cuando estaba embarazada, apenas podía aguantar»


Jolene soltó una carcajada tranquila. «¿Tan mal?» «Peor», respondió ella. «Lo estás haciendo muy bien» Ricky se unió a ellos poco después, dejando las cosas en la mesa. La conversación siguió siendo ligera. Tranquila. Por un momento, funcionó. Jolene sintió que se relajaba, que la tensión anterior se desvanecía en el fondo. Después de cenar, se levantó despacio.

«Creo que voy a tomar el aire», dijo. «Sólo un rato» Ricky asintió. «No te quedes fuera mucho tiempo» Jolene salió cuando el cielo se tiñó de suaves tonos anaranjados y dorados. El aire era fresco. Silencioso. Por un momento, todo volvió a estar en calma. Avanzó unos pasos.


Luego se detuvo. Algo cambió. Y de repente, todo cambió.