Este caballo no dejaba de abrazarla y los médicos descubrieron algo aterrador

Sólo unas semanas antes, todo había parecido… normal. Jolene y Ricky vivían una vida tranquila en su pequeña granja, a las afueras de la ciudad. No era mucho, pero era suya. Y en el centro de todo estaba Keola. La habían criado desde pequeña. No era sólo un caballo: formaba parte de su rutina, de su ritmo, de su vida. Tranquila, receptiva, fácil de tratar.


Si algo no iba bien, Keola era la primera en darse cuenta. Al menos, eso le gustaba creer a Jolene. También fue entonces cuando las cosas empezaron a encajar. Después de meses de intentos, visitas al médico y más esperas de las que querían admitir..

Jolene descubrió que estaba embarazada. Al principio, la noticia le pareció irreal. Luego abrumadora. En el mejor sentido. Ricky no podía dejar de sonreír ese día. Ni ella tampoco. Durante un tiempo, parecía que nada podía salir mal.


Pero mirando atrás… esa sensación no duró tanto como pensaban.