Este caballo no dejaba de abrazarla y los médicos descubrieron algo aterrador

Las puertas finalmente se abrieron de nuevo. Esta vez no era sólo una enfermera. Salió un médico, más viejo, más sereno, pero con una mirada que Ricky no acababa de reconocer. Serio. Detrás de él, los dos agentes permanecían cerca. Observando. Esperando. «¿Señor Jonas?», preguntó el médico. Ricky se levantó inmediatamente. «¿Cómo está ella? ¿Está bien?»


El médico asintió una vez. «Su mujer está estable. Estamos cuidando de ella» Ricky exhaló, la tensión en su pecho aliviándose… sólo ligeramente. «Pero…», continuó el médico, bajando la voz, «hay algunas cosas que tenemos que discutir» El alivio de Ricky se desvaneció con la misma rapidez. Miró a los agentes.

No se habían movido. «Acompáñenme -dijo el médico. Ricky lo siguió por el pasillo, el silencio que se extendía de nuevo a cada paso. Entraron en un pequeño despacho y la puerta se cerró suavemente tras ellos. Por un momento, el médico no habló. Luego se volvió.


«Lo que voy a contarte», dijo con cuidado, «no es algo que veamos a menudo» Ricky sintió que se le aceleraba el pulso. El médico le miró a los ojos. «A su mujer… le estaban haciendo pruebas»