Cuando la tinta del divorcio se secó por completo, Isabella se centró en asegurar su propio futuro. Colocó metódicamente los ahorros en efectivo en inversiones muy seguras y se aseguró de que la casa de las afueras y los títulos de propiedad comercial quedaran firmemente a su nombre. Transformó su casa en un hermoso y tranquilo santuario, donde llevaba una vida auténtica llena de paz. Había equilibrado su propia contabilidad y ahora esperaba pacientemente.
No necesitaba hacer nada que interfiriera en la nueva vida de Tyler; sólo tenía que dejar que el tiempo siguiera su curso. Tyler había ocultado su anterior matrimonio y la enorme fuga de bienes de su nueva mujer para parecer un soltero rico y sin compromisos. Se había introducido con orgullo en el mundo de ella, sin saber que el camino que había elegido ya se estaba estrechando. Isabella sabía exactamente lo que se avecinaba por ese camino, y se contentaba con sentarse a observar el horizonte.