Unos navegantes adinerados bloquean el muelle de este viejo pescador; lo que él hace en represalia es pura justicia

Elias se dijo a sí mismo que todo eso pasaría. Las modas cambiaban rápido, según el nieto de Della, un joven del pueblo que sabía de estas cosas. La gente grabaría los acantilados, compraría sopa de pescado a precios desorbitados y se marcharía cuando el siguiente lugar bonito apareciera en sus pequeñas pantallas luminosas.

Pero no se marcharon. Cada mañana llegaban más barcos y cada tarde el muelle se llenaba de más ruido. La música retumbaba sobre el agua. Los drones zumbaban sobre los amarres. La gente reía ante sus cámaras mientras los pescadores esperaban con las cajas calentándose en sus manos.