Rahul ya había oído hablar de elefantes. Docenas de veces. En libertad. En reservas. Incluso durante sus años de estudio en el extranjero. Conocía sus llamadas. Los estruendos bajos. Las trompetas de advertencia. Las ráfagas agudas de agresión, pero esta vez era diferente. El sonido rasgó el bosque. Fuerte. Crudo. Descontrolado. No fue una advertencia. No era una señal. Sonaba como si algo estuviera mal. Profundamente mal.
Rahul se quedó inmóvil. El bramido volvió a sonar. Esta vez más largo. Más desesperado. Resonó entre los árboles, haciendo que los pájaros se dispersaran por el cielo. Por un momento, su mente pensó en las peores posibilidades. Un depredador. Una herida. O cualquier otra cosa. En los últimos años, los elefantes de esta región habían estado bajo presión. La disminución de los bosques. Aldeas invasoras. Y a veces incluso cazadores furtivos.
Rahul apretó con fuerza su cámara. Si esto era así… Todo se volvía más peligroso. El sonido llegó de nuevo. Más cerca ahora. Y lo que lo estaba causando no se alejaba. Rahul respiró lentamente. Luego comenzó a caminar hacia él.
Porque si algo había ido mal, necesitaba verlo por sí mismo. Incluso si no estaba seguro de lo que encontraría.