Le contó lo del embarazo, cómo lo había descubierto por casualidad cuando fue a su revisión rutinaria, y luego lo que le había dicho el médico. Habían detectado algo en la ecografía temprana, un detalle que había que vigilar; no estaban seguros de si Zoe podría llevarlo a término. Ella lo dijo con franqueza, sin suavizarlo ni dramatizarlo. Él escuchó sin interrumpir.
Rex, en algún momento durante todo esto, se había desplazado en silencio del lado de Zoe al de George. Ninguno de los dos hizo ningún comentario al respecto. Cuando ella terminó, George dijo: «¿Cuánto tiempo llevas cargando con todo esto?». «Las cartas, ocho meses. El embarazo, dos semanas».
Se quedó en silencio un momento. Había una versión de esta conversación en la que él habría hablado de sentirse excluido, de la confianza y de los meses observándola sin saber qué estaba pasando. Quizá llegara a eso. Pero lo primero que salió fue: «Deberías haber tenido a alguien contigo en esa cita». El rostro de Zoe se alteró, sin llegar a romperse, pero casi. «Lo sé», dijo ella. «Yo habría estado allí», dijo él. «Me hubiera gustado estar allí».