Su tío le dejó una vieja casa en las montañas y ella descubrió lo que escondía..

El sol de la mañana traía una energía fría y frenética. Clara no siguió ordenando la ropa; necesitaba saber cómo la casa de un hombre muerto podía abrir sus propias puertas. Inició una búsqueda sistemática en el estudio de Mark, sacando libros y golpeando los paneles de madera. Ya no era sólo una heredera; era una investigadora en busca de la verdad que se ocultaba tras el sospechoso legado de su tío.

Mientras fregaba el interior del pesado escritorio de roble, su esponja se enganchó en un trozo de cinta adhesiva. Metió la mano debajo del cajón y sacó una llave pequeña y oxidada. Encajaba perfectamente en el armario cerrado de la esquina. Las bisagras rechinaron cuando abrió la puerta, dejando al descubierto un alijo que le pareció importante, aunque no podía saber qué escondía.

Dentro había un grueso cuaderno de bitácora encuadernado en cuero agrietado. Sus páginas estaban llenas de fechas e iniciales de casi ochenta años de antigüedad. Debajo había un gran plano de la casa dibujado a mano. No era un plano al uso; mostraba los cimientos hundiéndose profundamente en la tierra, conectándose a una larga línea horizontal recta que hacía un túnel directamente en el núcleo de la montaña.