La elegante invitación digital procedía de la sede ejecutiva de una enorme empresa tecnológica de renombre mundial con sede en el distrito financiero del centro de la ciudad. El mensaje estaba firmado directamente por el asistente del director general de la empresa. En él se solicitaba amablemente la presencia de Lena en las oficinas centrales al día siguiente por la tarde para tratar un asunto financiero urgente relacionado con su cuenta personal.
El corazón de Lena se aceleró a una velocidad alarmante mientras leía el correo electrónico una y otra vez, dándose cuenta de que su congelación bancaria había desencadenado una reacción corporativa masiva. Pasó toda la noche dando vueltas en la cama, preparándose para un enfrentamiento tenso y aterrador con los abogados de la empresa. Supuso que, de algún modo, se había metido en un lío por bloquear los misteriosos fondos.
A la tarde siguiente, se vistió con su atuendo más profesional y cogió un autobús al centro, con las manos temblorosas de pura energía nerviosa. Se acercó al imponente rascacielos de cristal y acero, mirando el enorme logotipo corporativo que brillaba a la luz del día. Respiró hondo para estabilizarse, atravesó las puertas giratorias de cristal y entró.