Un estudiante vive en el apartamento más pequeño de Japón, de 300 dólares al mes, ¡y nunca hemos visto nada igual!

Detrás de la puerta verde está el cuarto de ducha, y apretujada en su interior hay una pequeña bañera. La primera vez que Maya la vio, casi se rió. Técnicamente es una bañera, pero no es generosa como la gente suele imaginarse. Es diminuta, estrecha e incómoda, pero sigue siendo una bañera de verdad. En las noches frías o después de un largo paseo por Tokio, ese pequeño detalle hace que la habitación parezca menos ridícula y más útil.

Utilizar las duchas requiere un nivel de planificación que Maya nunca esperó de un baño. No puede moverse con indiferencia. Tiene que girar los hombros antes de mover los pies, guardar los artículos de aseo en lugares fijos y evitar comprar botellas grandes que ocupan demasiado espacio. Si se le cae algo, incluso agacharse se convierte en un pequeño esfuerzo calculado. La habitación la hace consciente de cada codo, cada rodilla, cada movimiento descuidado.

Pero Maya también sabe que el cuarto de ducha es una de las razones por las que el apartamento puede seguir llamándose una casa completa. Sin ella, el piso parecería más un almacén con una cama. Con ella, el apartamento ofrece lo básico de la vida diaria, aunque cada básico venga en su versión más pequeña posible. Puede que el baño no sea lujoso, pero funciona bien.