Un estudiante vive en el apartamento más pequeño de Japón, de 300 dólares al mes, ¡y nunca hemos visto nada igual!

La habitación principal es donde transcurre la vida de Maya. Es a la vez dormitorio, zona de estudio, sala de estar, vestidor y rincón de tranquilidad. De un extremo a otro, mide unos 2,5 metros. Esa cifra parece pequeña sobre el papel, pero se antoja aún más pequeña una vez que uno se planta dentro y se da cuenta de que se puede abarcar toda la habitación casi de un vistazo.

Lo que salva la habitación, al menos en opinión de Maya, es la luz natural. Cuando entra la luz del sol, el espacio parece menos una caja y más una pequeña cabaña secreta. Además, las paredes de ladrillo dan calidez a la estancia y hacen que el apartamento parezca a la moda, como si el pequeño espacio tuviera un estilo intencionado y no forzado por la forma del edificio.

Si se mira más de cerca, la historia es ligeramente distinta. Parte del efecto ladrillo está hecho con suaves ladrillos esponjosos decorativos, mientras que la otra parte utiliza papel pintado de ladrillo falso. Maya lo encuentra extrañamente apropiado. El apartamento está lleno de ilusiones: un triángulo estrecho que simula ser un edificio, un baño diminuto que simula ser un lujo y paredes que simulan ser de ladrillo. Maya entiende la lógica. En Tokio, a veces la ilusión forma parte de la supervivencia.