La entrada es la primera prueba de fuego. Cuando Maya abre la puerta, no hay un pasillo ancho, ni un espacio adecuado para hacer una pausa, ni una transición suave desde el mundo exterior. Entra directamente en la zona más concurrida del apartamento. Allí es donde se quita los zapatos, deja el bolso, llega a la cocina y accede a la ducha. En un apartamento normal, esas cosas son zonas separadas. En el suyo, todo ocurre a unos pocos pasos.
Maya ha desarrollado una rutina para entrar sin chocarse con nada. Abre la puerta, se gira ligeramente, se quita un zapato, mueve el bolso y se quita el otro. Si se precipita, el apartamento le recuerda inmediatamente que no hay lugar para movimientos descuidados. Cada objeto debe colocarse con intención. Unos zapatos mal colocados pueden bloquear la entrada.
Junto a la entrada está la pequeña cocina. No es el tipo de cocina en la que Maya puede extender los ingredientes y preparar una larga comida. Es suficiente para comida sencilla, té, fideos instantáneos y el tipo de comida que un estudiante ocupado puede preparar después de clase. Al otro lado está la pequeña puerta verde de la ducha, un detalle en el que siempre se fijan los visitantes. La puerta parece casi alegre, pero detrás hay uno de los cuartos de baño más compactos que uno haya visto nunca.