El tejado lo cambió todo
La mejora más visible se produjo justo encima. El contenedor ganó un techo inclinado deslizante, y de repente el contenedor de acero ya no parecía algo abandonado detrás de un edificio. Empezó a parecer una pequeña cabaña encajada en el objeto equivocado.
El tejado era más que un adorno. Ayudaba a proteger el interior de las inclemencias del tiempo y hacía que la casa pareciera más intencionada. También le daba un extraño encanto. Desde fuera, parecía en parte un proyecto científico, en parte una cápsula de supervivencia y en parte una casa en miniatura.
La estación meteorológica de la parte superior aumentaba esa sensación. Wilson no se limitaba a esconderse en una caja metálica. Estaba siguiendo las condiciones a su alrededor y convirtiendo la vida cotidiana en un experimento en vivo. El techo demostraba de qué iba todo el proyecto: el contenedor nunca dejó de parecer un contenedor, pero unos cuantos cambios inteligentes obligaron a la gente a verlo de otra manera. También añadió aire acondicionado después de que el calor de Austin convirtiera el contenedor en un lugar casi inhabitable. La temperatura interior podía alcanzar los 130 grados Fahrenheit durante el día, e incluso algunas noches rondaba los 80 grados, por lo que una pequeña unidad de aire acondicionado dejó de ser un lujo para convertirse en un elemento de supervivencia.