Científicos colocan este pulpo robot al lado de un pulpo coco y ocurre algo extraño…

Al final del encuentro, el pulpo robot había hecho exactamente lo que tenía que hacer. Permitió a los cineastas acercarse a un animal salvaje sin interrumpir su mundo. Mostró al pulpo coco cazando, defendiendo su espacio, investigando a un visitante extraño y utilizando su entorno con astucia. En lugar de ver simplemente «un pulpo», los espectadores pudieron ver un personaje diminuto con planes, problemas y una opinión muy firme sobre el espacio personal.

La parte más tierna fue que el pulpo parecía tolerar al robot a su manera cautelosa. No entendía de cámaras ni de documentales. Sólo sabía que aquella criatura extraña y silenciosa no le molestaba y que incluso podía contribuir a que su casa se sintiera más segura. El robot llegó como un espía, pero por poco tiempo se convirtió en algo más cálido: un compañero metálico en el fondo del océano.