El motor de mi barco de pesca se averió justo delante de un barco fantasma a la deriva de 500 pies, y entonces ocurrió esto… 

Leo esperó lo inevitable. Esperaba que un tripulante furioso se asomara por la alta barandilla y le gritara por estar parado en medio del agua. Se preparó para ver a un capitán sobresaltado saludando frenéticamente desde las ventanas de la sala de control. Pero no apareció nadie.


El enorme barco simplemente continuó su lento y silencioso avance. Al pasar junto a su embarcación, Leo pudo leer las letras blancas en mayúsculas pintadas en su popa: ALBATROSS. El gigante se movía a un ritmo lento, mucho más lento de lo que debería ir un barco normal. No salía espuma blanca de su gigantesca hélice trasera. Simplemente se deslizaba impulsado por su propio peso, trazando una trayectoria irregular y errática por el mar en calma.


Leo cogió su radio marina portátil y la sintonizó en el canal de emergencia. «Buque de carga Albatross, aquí el barco pesquero que se encuentra cerca de ti. Casi me atropellas. ¿Me recibes?» Solo le respondió un fuerte ruido estático. «Albatross, ¿me recibes?» La radio permaneció en silencio absoluto.