La ola del barco golpeó primero la embarcación de Leo. La pequeña embarcación de madera se inclinó violentamente hacia un lado, lanzando a Leo contra la barandilla. El agua se derramó por la borda, empapándole las botas. Presa de un pánico ciego, tiró del cordón del motor por tercera vez, rezando con todas sus fuerzas. El motor soltó un rugido ensordecedor, cobrando vida en el último segundo posible. Leo no dudó. Empujó la palanca del acelerador a fondo hacia delante.
La embarcación salió disparada hacia delante, con la proa elevándose por encima de la espuma. Leo giró con fuerza la palanca del timón, derrapando salvajemente por el agua justo por delante del barco. El casco de acero oxidado rozó su popa, pasándole a menos de diez pies.
Redujo la velocidad del motor, temblando violentamente, mientras contemplaba al gigante que se deslizaba a su lado.