Laura salió del coche antes de que se hubiera detenido por completo, seguida más lentamente por un hombre que se apoyaba con una mano en el marco de la puerta. Se quedó paralizada durante medio segundo al ver los coches patrulla y a Daniel junto a un agente, y luego corrió directamente hacia él sin esperar ninguna explicación. —¡Daniel! —Lo abrazó con fuerza y, sin aliento, les explicó a los agentes por encima del hombro quién era él exactamente y que no le había informado a Daniel sobre las novedades del sistema de seguridad.
El hombre que estaba a su lado también se giró y, por primera vez, Daniel pudo verle bien la cara: pálida, cansada, pero con unos ojos inconfundiblemente familiares que le despertaron un viejo recuerdo. Los agentes intercambiaron una mirada de satisfacción y uno de ellos le dirigió a Daniel un breve gesto de disculpa con la cabeza antes de volver al coche patrulla. Laura se apartó lo justo para mirarle a la cara, con una mezcla de alivio y algo más complejo en su expresión.
—Se suponía que no ibas a volver a casa hasta dentro de dos semanas —dijo ella, entre risas y lágrimas—. Tengo tantas cosas que explicarte. —¿Mark? —El nombre se le escapó antes de que Daniel lo identificara del todo, pero en cuanto lo pronunció, el parecido cobró sentido. El hombre era el hermano menor de Laura, más delgado de lo que él recordaba, con aspecto de no haber dormido bien en semanas. La mente de Daniel ya iba a mil por hora —el test de embarazo escondido en la basura— y se preparaba para una explicación para la que no estaba seguro de estar preparado.