15. La edad de oro del autocine (década de 1950)
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la cultura estadounidense centrada en el automóvil alcanzó su punto álgido. Nada simbolizaba este cambio de estilo de vida más a la perfección que el auge meteórico de los autocines, donde miles de familias podían ver una película desde la comodidad absoluta de sus propios automóviles. Hubo un tiempo en que la experiencia cinematográfica significaba filas y filas de vehículos clásicos e impecables de mediados de siglo aparcados bajo una imponente pantalla al aire libre de varios pisos. Los conductores sujetaban un altavoz metálico pesado y tosco directamente a la ventanilla del lado del conductor para escuchar el audio. Aunque hoy en día aún existen unos pocos autocines nostálgicos, la magnitud de estas enormes reuniones al aire libre con capacidad para miles de coches ha quedado completamente eclipsada por los megacomplejos de cine cubiertos y las plataformas de streaming domésticas.
16. La Dynasphere del Dr. Purves (1932)
Llevando el concepto de la monocicleta a un extremo mecánico absoluto, el inventor británico Dr. J. H. Purves diseñó la Dynasphere en 1932. Inspirado en un boceto de Leonardo da Vinci, este extraño vehículo era una esfera rodante gigante hecha de celosía de hierro, propulsada por un motor de gasolina de dos caballos de potencia. El conductor y el pasajero se sentaban completamente dentro del aro central, en una plataforma que permanecía inmóvil mientras la enorme jaula exterior rodaba hacia delante. El Dr. Purves afirmó con seguridad que su esfera era el futuro del transporte de alta velocidad, con la esperanza de que llegara a alcanzar los 48 km/h en las carreteras públicas. Lamentablemente, conducir ese pesado gigante de hierro resultó casi imposible, y el proyecto fue abandonado, dejándonos con una imagen inolvidable del optimismo en materia de transporte de mediados de siglo.