El personal se queda paralizado de miedo cuando un pitbull entra en el hospital llevando esto…

Durante un segundo entero, el hospital se quedó sin aliento. Las patas del pitbull dejaban óvalos perfectos y embarrados sobre el limpio linóleo blanco; sus almohadillas estaban muy desgastadas y en carne viva. Ignoró a una mujer que gritaba desde el fondo de la sala de espera, con toda su atención puesta en las enfermeras que estaban detrás del mostrador.


Bajó las patas traseras con un cuidado agonizante, dejando que la niña se deslizara suavemente de su lomo al suelo. Cuando ella se desplomó en un montón, el perro dejó escapar un gemido bajo y entrecortado, mirando a su alrededor al círculo de rostros conmocionados. Había esperado una reacción diferente de los humanos con los que creía poder buscar refugio; en cambio, solo vio horror.


—¡Código Verde! ¡Llamad a seguridad! —gritó Connie, la enfermera jefe de noche, golpeando con la mano el teléfono de emergencias. «¡Sacad esa cosa de aquí, es un peligro!» Los guardias de seguridad irrumpieron en el vestíbulo desde el pasillo adyacente, con sus pesadas botas resonando contra el suelo. Dos de ellos desenfundaron al instante sus tasers, armas que zumbaban con un voltaje letal.