Valorian no esperó a que le dieran una orden. En el momento en que vio cómo la mano de Douglas se cerraba con fuerza sobre el brazo de la niña, el miedo condicionado del perro hacia su antiguo amo se desvaneció, sustituido por un antiguo fuego protector. Se lanzó a través de la puerta abierta del coche patrulla, un borrón de músculos grises que atravesaba la lluvia a toda velocidad.
Douglas vio venir al perro y levantó una pesada bota para golpearlo, mientras su voz se convertía en aquel viejo y aterrador rugido. «¡Atrás, bestia!» Pero Valorian no se inmutó. Esquivó la patada y su enorme pecho se estrelló contra la cintura de Douglas con la fuerza de una bola de demolición. El hombre cayó de espaldas al barro, soltando a la chica. Mientras Douglas se apresuraba a huir hacia el bosque, Valorian se abalanzó sobre él, derribándolo en la hierba alta y inmovilizándolo por el hombro.
Segundos después, Vance y un enjambre de agentes de la policía estatal se abalanzaron sobre ellos. Douglas chilló cuando las esposas se cerraron con un chasquido, y el sonido de su derrota quedó ahogado por el estruendo del tren que pasaba. Valorian se quedó de pie junto a él, jadeando con fuerza, mientras su cola daba un único y cansado movimiento; Elena se apresuró a coger en brazos a la niña, que lloraba.