Este hombre derribó una pared de su garaje y lo que encontró dentro le causó escalofríos

Murat se quedó helado. No estaba seguro de cuándo se había dado cuenta. Quizá hacía unos segundos. Tal vez más. Pero ahora que estaba quieto… podía oírlo claramente. Una voz. Débil. Amortiguada. Venía de algún lugar cercano. Giró ligeramente la cabeza, escuchando con más atención. Nada. Sólo silencio. Murat exhaló lentamente, sacudiendo la cabeza. «Imaginación», murmuró.


El garaje siempre había sido tranquilo. Demasiado silencioso. El tipo de silencio que hacía que los pequeños sonidos parecieran más grandes de lo que eran. Dio un paso hacia las estanterías y volvió a sonar. Bajo. Desigual. No una voz. Más de una. Murat se detuvo. Esta vez, no se movió. No respiró. Sólo escuchó. El sonido cambió ligeramente… como si se moviera.


Deslizándose por las paredes. Luego se asentó. Justo a su lado. Murat se giró lentamente. Sus ojos se clavaron en la pared. Hormigón. Sólida. Inquebrantable. Y sin embargo… las voces venían del otro lado.