Una vez asegurada la base, comienzan a moverse las secciones plegables. Los grandes paneles laterales pueden abrirse hacia fuera como alas, cambiando instantáneamente la forma del vehículo. Lo que parecía estrecho y sellado un momento antes empieza a crear espacio cubierto en el suelo, huecos de exposición, ventanillas de servicio o zonas resguardadas para que se coloquen los clientes.
En algunos diseños, los paneles laterales se convierten en paredes. En otros, se convierten en plataformas, toldos, mostradores o extensiones del suelo. Eso es lo que hace que este tipo de vehículo sea tan satisfactorio visualmente. Cada panel parece tener una segunda vida. Una pared cerrada se convierte en un techo. Un panel oculto se convierte en una trampilla de servicio. Un exterior plano se convierte en un escaparate.
El montaje tiene el mismo atractivo que un libro desplegable, pero a escala real. No se desperdicia nada. El vehículo se basa en la idea de que las superficies vacías pueden convertirse en espacios útiles. Cuando se abren los primeros paneles, ya no parece que se esté desembalando un camión. Es como si un pequeño edificio se ensamblara a sí mismo en público. Es ingeniería práctica, pero también tiene el extraño placer de ver cómo una habitación secreta se revela pieza a pieza en medio de una calle o un campo cualquiera.