La transformación suele empezar por el posicionamiento. Antes de desplegar nada, el conductor tiene que elegir un terreno llano y estable en el que el vehículo pueda abrirse con seguridad por todos los lados. Parece sencillo, pero es una de las partes más importantes del montaje. Una unidad móvil plegable necesita espacio no sólo para aparcar, sino para convertirse en su versión de tamaño real.
Una vez colocada, se bajan las patas de apoyo o estabilizadores para mantener la estructura estable. Así se evita que el vehículo se balancee mientras la gente camina por su interior, se apoya en los mostradores o mueve el equipo. En terrenos irregulares, las patas pueden ayudar a nivelar el suelo, convirtiendo una parada en carretera en algo que se parece más a una habitación propiamente dicha que a un remolque aparcado.
Aquí es donde empieza a notarse la inteligencia. El vehículo sigue siendo lo bastante compacto como para transportarlo por carretera, pero el proceso de montaje lo prepara para ocupar un espacio mucho mayor. Antes de que las paredes se abran y el techo se extienda, la base tiene que ser sólida, equilibrada y estar preparada para soportar el peso de todo lo que venga después.
Sólo después de este trabajo preliminar silencioso puede comenzar la parte vistosa, porque el impresionante movimiento de plegado depende de unos cimientos perfectamente firmes en la parte inferior.