La niebla del dolor se evaporó al instante y fue sustituida por una claridad fría y nítida. Isabella no sabía qué estaba planeando la mujer rubia, pero conocía su oscura historia de vuelta a casa, y sabía que cualquiera que se relacionara con ella estaba al borde de un precipicio.
A la mañana siguiente, Isabella evitó por completo su dolor y contrató a un abogado de derecho de familia de primera categoría. Armado con los correos electrónicos guardados y las fotografías con fecha y hora de la papelera en la nube, el abogado de Isabella construyó un caso blindado. Las pruebas de infidelidad prolongada y engaño financiero significaban que Tyler tenía cero posibilidades de ganar una batalla pública en los tribunales.
Cuando Isabella le presentó las exigencias del acuerdo, la agresiva postura de Tyler se debilitó. Aterrorizado ante la posibilidad de que un juicio público por adulterio sacara a la luz su conducta y arruinara su reputación en los círculos inmobiliarios en ascenso, firmó los papeles con frenesí. Isabella se quedó con la principal casa suburbana sin deudas, todos sus ahorros en efectivo y sus principales títulos de propiedad comercial.