A las 4:40, mientras los yates dormían y el agua yacía negra bajo los pilotes, Elias, Bram y Tess se adentraron en el muelle. Sus botas no hacían ningún ruido innecesario. Descargaron barriles sellados, mangueras, cajas, una amoladora y una hidrolimpiadora industrial.
Elias pegó copias del aviso de obras en el puerto en tres postes, donde cualquier cámara pudiera verlas. Luego comprobó el viento con un dedo mojado. Soplaba de forma constante desde el cobertizo de cebos hacia los amarres de lujo. Miró a Tess. Ella asintió una vez.