Entonces los yates empezaron a poner en marcha los generadores durante toda la noche. Profundas vibraciones se propagaban por el agua y subían por los pilotes. Las luces subacuáticas brillaban con un azul eléctrico bajo los cascos, convirtiendo la ensenada en un acuario-discoteca. La antigua oscuridad desapareció por completo.
Elias siempre había conocido el mar por sus cambios de humor. Sabía dónde se agolpaban las caballas antes de la lluvia, dónde se dirigían los abadejos hacia los salientes rocosos, dónde se enterraban los cangrejos en las profundidades antes de una tormenta. Ahora todos esos patrones se difuminaban bajo el pulso mecánico de los motores y los bajos.