Otra imagen muestra a un gato parcialmente oculto entre las plantas. Su rostro oscuro asoma entre macetas y hojas, observando el mundo con la quietud que sólo los gatos parecen dominar. Para Grizzler, éste debió de ser un descubrimiento eléctrico. Un gato no es un animal más. Es movimiento, misterio, desafío e invitación a la vez.
El encuadre parece casi la escena de un pequeño drama de barrio. El gato está tranquilo. Grizzler, podemos imaginar, es cualquier cosa menos eso. La cámara no necesita mostrarle tirando hacia delante o meneándose. El hecho de que la foto exista ya nos dice que algo ha pasado en su interior.
Esta página del diario es especialmente reveladora porque capta la brecha entre la energía del perro y la del gato. El gato espera. El perro reacciona. El resultado es una foto que resulta divertida, tensa y cariñosa al mismo tiempo. Grizzler no fotografió al gato como un objeto. Fotografió el momento en que su atención se fijó en él.