Al fondo de la casa está el estudio de Clara, la habitación que hizo que todo el proyecto mereciera la pena. Trabaja como ilustradora botánica, por lo que la luz es importante. El estudio está orientado al norte para evitar el resplandor, y tiene un largo escritorio bajo la ventana. Desde su silla, Clara puede dibujar hojas, flores e insectos mirando directamente al jardín que los inspira.
El estudio es también la parte más lúdica de la casa. En el exterior, los paneles de espejo reflejan tan bien los parterres que la habitación casi desaparece tras las dedaleras y las hierbas altas. Dentro, sin embargo, está lleno de color: tubos de pintura, flores prensadas, cuadernos de bocetos, postales y dibujos a medio terminar pegados a la pared. A Clara le gusta ese contraste. El exterior es tranquilo y casi invisible; el interior es ajetreado, creativo e inconfundiblemente suyo. Los visitantes suelen decir que esta habitación explica toda la casa. Nunca se trató de esconderse completamente del mundo. Se trataba de crear la paz y el espacio suficientes para disfrutarlo como es debido.