La vieja maleta de cuero estaba sentada en medio de la mesa del comedor de Arthur como si le hubiera estado esperando. Sus cierres de latón estaban embotados por el paso del tiempo y el asa agrietada por los años de viaje. Arthur se acercó, con el corazón latiéndole más deprisa de lo que le había latido en mucho tiempo.
Con un fuerte empujón, el primer pestillo se abrió. El segundo le siguió con un chasquido agudo que resonó en su silencioso apartamento. Dentro, bajo capas de papel de seda amarillento, había algo envuelto en terciopelo oscuro. Arthur retiró la tela con cuidado.
Un destello plateado captó la luz. Luego se oyó un tic-tac suave y constante. Arthur se quedó helado. Lo que había dentro de la maleta se estaba moviendo. De repente, su hallazgo en la subasta barata ya no parecía una diversión inofensiva. Parecía un error peligroso..