Un padre soltero no podía permitirse un piso más grande, ¡así que le construyó a su hija esta casa en los árboles!


En el interior, el salón solo tiene unos pocos pasos de ancho, pero Mark lo diseñó para que diera sensación de amplitud en lugar de agobio. Utilizó contrachapado claro en las paredes, laminado de segunda mano en el suelo y dos ventanas recuperadas de una oficina demolida para que entrara tanta luz natural como fuera posible. Los árboles del exterior se encargaron de la mitad de la decoración de forma gratuita.

El sofá es en realidad un banco con espacio de almacenamiento y cojines encima. Debajo, Mark construyó cajones profundos para mantas, juegos de mesa, ropa de invierno y las herramientas que aún utilizaba en casa. Enfrente, una estantería estrecha alberga los libros de Lily, una pequeña radio y una lámpara antigua que Mark reparó él mismo tras encontrarla en una tienda benéfica.

La habitación funciona porque no pretende ser más grande de lo que es. No hay ningún televisor desmesurado, ni muebles pesados, ni rincones desperdiciados. Por la noche, cuando los árboles se mueven contra las ventanas y la pequeña estufa brilla junto a la pared, el salón parece menos un compromiso y más un escondite que les pertenece solo a ellos. Es sencilla, pero rebosa calidez en cada rincón. Como las ventanas dan a la vegetación, incluso la pared más pequeña parece respirar.