Un padre soltero no podía permitirse un piso más grande, ¡así que le construyó a su hija esta casa en los árboles!

La primera sorpresa es que la casa, en realidad, no está colgada de los árboles. Mark sabía que eso sería peligroso, sobre todo con un niño viviendo allí todos los días. En su lugar, construyó la estructura principal sobre postes de acero empotrados en hormigón, colocando cuidadosamente la construcción entre los robles sin hacer recaer el peso sobre ellos ni dañar sus troncos. La altura es modesta; se parece más a una cabaña elevada que a un parque infantil peligroso.

Desde fuera, la casa sigue pareciendo una casa del árbol. Una sencilla pasarela de madera se eleva desde el suelo con una suave pendiente y termina en una pequeña terraza que rodea la parte delantera. La barandilla está hecha con viejas tablas de valla, lijadas hasta quedar lisas y selladas para protegerlas de la lluvia. Nada parece caro, pero tampoco nada parece descuidado, que era precisamente el equilibrio que Mark buscaba.

Esta entrada se convirtió en la parte favorita de Lily incluso antes de que la casa estuviera terminada. Ella la llamaba la «casa-puente», porque cada día, al salir del colegio, cruzaba desde la vida cotidiana hacia algo que le parecía íntimo y especial. Mark dejó la terraza lo suficientemente ancha como para que cupieran dos sillas, una caja con botas embarradas, una pequeña maceta con hierbas aromáticas y un lugar desde donde contemplar cómo cambiaba el cielo a través de las hojas después de cenar.