Esta anciana de 78 años hizo construir la casa de sus sueños dentro de una cueva, pero el interior no se parece en nada a lo que esperabas

El dormitorio que duerme como una madriguera

El dormitorio de Marta está en lo más profundo de la cueva, donde apenas llega el ruido exterior. Aquí no se oye el ruido del tráfico, ni los ladridos de los perros de la carretera, ni la radio del vecino entrando por una ventana abierta. Sólo hay un suave silencio que suaviza hasta el más mínimo movimiento. La cama descansa dentro de una alcoba de piedra redondeada, casi como si la propia cueva hubiera hecho espacio para ella. Sábanas de lino pálido cubren el colchón, una gruesa colcha yace doblada en el extremo, y dos lámparas de lectura proyectan cálidos círculos de luz contra la roca. Sobre la cama, el techo natural se curva ligeramente hacia abajo, creando la extraña pero reconfortante sensación de dormir dentro de un caparazón protector.

Al principio, a los amigos de Marta les preocupaba que se sintiera demasiado encerrada. Marta dice que no lo entienden. «La mayoría de las habitaciones pretenden ser tranquilas», les dice. «Éste lo es de verdad»

La habitación es sencilla: un armario, una silla, una cesta tejida para las mantas y una pequeña estantería con libros que relee cada vez que el tiempo se pone dramático. Lo único que llama la atención es una estrecha rendija cerca del techo, cuidadosamente tallada en la roca para captar la primera luz de la mañana. Al amanecer, un fino rayo de oro se desliza por la pared y cae al suelo junto a su cama. Marta lo llama su despertador natural. Aquí duerme mejor que nunca.