Los dos únicos trucos de limpieza de inodoros que necesitarás para tener un inodoro blanco y reluciente

La mayoría de la gente cree saber qué aspecto tiene un inodoro «limpio». Si la taza es blanca, el asiento está limpio y el baño huele vagamente a limón, suele ser suficiente. Tiras de la cadena una vez, le echas un vistazo y sigues con tu día. Pero de vez en cuando, algo cambia esa ilusión. Puede que sea un olor que reaparece por mucho que limpies. O esos tenues anillos de agua que vuelven a aparecer un día después, aunque los hayas fregado durante veinte minutos.


Al principio, supones que se te ha pasado una mancha. Entonces limpias más a fondo. Con distintos sprays. Productos químicos más fuertes. Más fregado. Y de alguna manera, todavía no se siente completamente limpio después. Eso es lo que hace que los inodoros sean frustrantes. No porque estén sucios, sino porque lo ocultan muy bien. La peor acumulación no suele estar a la vista. Se asienta en lugares que la mayoría de la gente apenas nota. Pequeños huecos alrededor de las bisagras. Costuras estrechas cerca de la base. Incluso en partes del interior del propio depósito.


Y una vez que te des cuenta de dónde se acumula la suciedad, te darás cuenta de lo mucho que te pueden salvar la vida estos trucos: