El salón bajo la roca
La sala de estar es el lugar donde todo el mundo espera que la fantasía de la cueva se vuelva incómoda. Seguramente haría frío. Seguramente habría eco. Seguramente habría un extraño olor a piedra y humedad. Sin embargo, es como entrar en la habitación más acogedora del mundo.
Marta ha colocado un sofá de color crema intenso contra una pared curva, con mullidos cojines apilados desordenadamente en las esquinas. El suelo está cubierto por una gruesa alfombra y en el centro hay una mesa baja de madera en la que suele haber una tetera, un crucigrama a medio terminar y un plato de galletas que ella insiste en que son «para los invitados» El techo es bajo cerca del fondo, lo que hace que la habitación parezca más protegida que estrecha. Las cálidas lámparas hacen rebotar la luz contra la piedra, dorando las paredes de la cueva al atardecer. En invierno, Marta enciende una pequeña estufa empotrada en una alcoba de piedra, y toda la habitación brilla como una linterna.
Pero la verdadera magia está en la ventana delantera. En lugar de abrir una enorme abertura moderna en la roca, Marta eligió una ventana ancha y redondeada que daba al valle. Desde su sofá, puede ver cómo la lluvia se desplaza por las colinas, cómo los pájaros se lanzan a través de la bruma matinal y cómo los niños en bicicleta reducen la velocidad frente a su extraña casita. Siempre miran dos veces.