El vestíbulo que parece un pasadizo secreto
Los primeros pasos son la parte que más le gusta a Marta. Los visitantes siempre van más despacio, como si sus cuerpos supieran que están entrando en un lugar inusual antes de que sus mentes se den cuenta. Las paredes se curvan naturalmente a su alrededor, ásperas en algunos lugares, lisas en otros, con pequeñas luces escondidas en la piedra como luciérnagas ocultas.
En lugar de un pasillo normal, Marta ha creado un paso suave que se curva ligeramente hacia la izquierda. Esa pequeña curva hace que la entrada resulte misteriosa. No se ve toda la casa a la vez. Hay que seguirla, paso a paso, mientras la temperatura desciende lo suficiente para que el mundo exterior parezca lejano.
Hay un banco de madera adosado a la pared, pulido por el uso, donde Marta guarda un par de viejos zapatos de andar por casa, una cesta con bufandas y un pequeño gancho de latón para las llaves. Encima cuelga una fotografía enmarcada: Marta de joven, de pie junto a una carretera de montaña con el pelo azotándole la cara.
Los constructores sugirieron alisar completamente la entrada, pero Marta se negó. Quiere que la gente recuerde dónde está. Por eso quedan visibles algunas crestas de piedra que atraviesan el techo como olas congeladas. Esto hace que la entrada parezca menos un pasillo y más el comienzo de una aventura.